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El día que intenté comprar un sujetador en Victoria's Secret (en inglés y con mascarilla mediante)

Spoiler: no lo compré.

CARMEN RAYA | CUORE.ES -

Hace poco ('a little ago', bilingüismo) os confesé que en Los Ángeles había descubierto lo maravilloso que es ir indocumentada por la vida. Y no, no me refiero a que no lleve conmigo el DNI (tranquila mamá). Lo que quiero decir con esto es que decidí prescindir del sujetador y ahora mis amigas (o sea, mis pechos) y yo corremos libres por las calles de Hollywood cual 'celebrity' salvaje y moderna que espero ser algún día.

Total, que por mucho que me encante mi nueva libertad, resulta que debo meter a mis amigas de nuevo en vereda porque me han invitado a una boda y, Pandemia y Dios mediante, no quiero que mis pechos me jueguen una mala pasada cuando el cura diga aquello de "si alguien tiene algo que objetar..." y me marque un 'pezongate' a lo Janet Jackson cuando Justin Timberlake le tiró del vestido en aquella 'SuperBowl' de cuyo nombre no quiero acordarme porque ya soy muy mayor.

Sé que no te gusta recordarlo, querido, pero fue y será historia de la televisión.

El caso (the case) que como mi mono corto de lunares blanco y negro de Zara (Amancio, querido, baja los precios de tus tiendas en Estados Unidos porque a este paso me voy a arruinar) tiene un escote vertiginoso (ya os he dicho que me creo 'celebrity' desde que vivo aquí), me veo en la obligación de llamar al orden a mis pechos y doblegarlos con un sujetador. 

Pero claro, aquí viene el drama al que toda mujer se enfrenta independientemente del país en el que viva: encontrar el sujetador perfecto para un escote en forma de uve y, al mismo tiempo, no parecer una Kardashian ni una actriz porno (mis respetos a todas ellas, pero para una boda como que no procede). 

Así pues, y dado que vivo en el país que dio alas a los ángeles de Victoria's Secret, cogí mi mascarilla, mi tarjeta de crédito y ahí que me fui a la tienda esperando encontrar mi media naranja 'pechil'. Y bueno, solo deciros antes de comenzar este camino hacia la vergüenza que yo soy de las que saben poquito de sujetadores.

Vamos, que creo que en la vida he tenido un sujetador que me quedara bien, que fuese cómodo y, muy importante esto, a mis 36 años aún no me lo sé poner como una adulta y tengo que darle la vuelta, ponerme los corchetes en el centro del pecho mirando hacia mí, luego cerrarlo, darle la vuelta y confiar en que todo saldrá bien.

Si eres hombre, supongo que no sabrás de lo que te estoy hablando, así que déjame que te muestre gráficamente mi relación con los sujetadores:

Altanera y orgullosa (que diría Luis Miguel) llego a la tienda y enseguida me doy cuenta de varias cosas al ver los carteles en sus escaparates y la ropa en los maniquíes. 

1. No seré modelo de lencería nunca. (esto ya lo sabía yo, pero nunca viene mal recordarlo).

2. Lo de posar en ropa interior con calcetines de lana, ¿cómo va? Que digo yo que si tienes frío, ponte una bata, amiga modelo de Victoria's Secret.

3. ¿Por qué las llaman 'fiestas del pijama' si están en ropa interior? Oh, no, llevo toda la vida haciendo las fiestas del pijama mal.

4. El encaje está sobrevalorado. #stopropainteriorquepica.

Total, que tras estas importantes reflexiones mentales, observo que hay una chica con un 'pinganillo' en la puerta de la tienda. "Genial, ahora esto es como entrar en una discoteca", me digo a mí misma mientras me ajusto la mascarilla (no te lo perdonaré jamás, coronavirus). 

"Hi, how can I help you today?", me dice la chica cuando me acerco con cautela a la puerta. "A ver, amiga, ¿tú qué crees? Si esto es Victoria's Secret digo yo que no te voy a pedir una magdalena (me niego a utilizar la palabra muffin)... Aunque bueno, igual si dejase de pedir y comer magdalenas podría entrar en vuestros sensuales modelos de lencería... Bueno, Carmen, céntrate. Dile a esta muchacha lo que necesitas", me digo mentalmente.

"Hi, I'm looking for a bra today", sale de mi boca esperando que me deje entrar ya para terminar cuanto antes este suplicio. "Perfecto", me dice. Sin embargo, sigue hablando: "Debido a las restricciones por Covid-19 necesito que me digas qué estás buscando exactamente, yo se lo diré desde aquí a una de mis compañeras y en cuanto entres a la tienda ellas te lo tendrán preparado"

O sea, que desde el exterior de la tienda le tengo que explicar aquí a mi amiga que estoy buscando un sujetador negro para un vestido de escote en uve, pero que no tenga relleno y que no parezca sacado de la última película de Nacho Vidal. Y en inglés, con el ruido de la calle de fondo, la música del interior de la música retumbando y con dos chicas detrás de mí haciendo cola para someterse al mismo infierno que yo, pero minutos después. Ok. 

"Quiero un sujetador negro para un vestido", es todo lo que pude decirle en mi inglés nivel básico de compra de sujetadores. Dicho esto, la chica se da cuenta de que el inglés no es mi primera lengua y comunica lo que le digo a sus compañeras por el pinganillo cual Kevin Costner en 'El guardaespaldas'. 

"Muy bien. Cynthia te atenderá", me dice mientras me abre la puerta. Nada más entrar, Cynthia me da la bienvenida (mascarilla y distancia física mediante) y me pregunta directamente por mi talla de sujetador. "Ay, madre, que en Estados Unidos van diferentes", me digo. Genial, ya no solo es el idioma, ahora también es la medida... "¿Por qué? ¿Por qué a mí?", me lamento cual Escarlata O'hara. (dramática me llaman). 

Es entonces cuando le digo que solo me sé la talla española y Cynthia me dice que no me preocupe que la vamos a "find out together", Lo que viene siendo "descubrirla juntas". A ver, Cynthia, amiga, que yo he venido aquí a comprar sujetadores, no a pillar. Muy amablemente me pide que coja una cinta de medir que acaba de desinfectar y me la ponga alrededor del pecho. Total, que claro, he aquí la escena. 

Yo parada en mitad de la tienda con la mascarilla puesta, siguiendo las indicaciones de Cynthia mientras me guía en la posición y colocación de la cinta de medir sobre mis pechos. O sea, si llego a saber que la pandemia era esto la hubiese pedido antes.

Pasado este momento de vergüenza inicial, Cynthia dice que ya sabe mi talla y que me va a mostrar lo que cree que estoy buscando. Y es ahí cuando me doy cuenta de que no tengo ni idea de inglés lencero. Me saca dos sujetadores, a cada cual más sexy, y me empieza a decir palabras que no había oído en mi vida.

"A ver, Carmen, piensa, eso quiere decir relleno, seguro. Sí, sí, te está diciendo que ese no lleva relleno porque luego cuando te ha enseñado el otro ha dicho la misma palabra pero sin el don't delante y ese llevaba relleno. O no, lo mismo me está diciendo que ese es armado y lleva alambres y el otro no", me decía yo en conversación conmigo misma mientras Cynthia no paraba de hablar. Hasta que deja de hacerlo y yo me quedo tal que así:

Cynthia esperaba una respuesta por mi parte. "Vale, a ver, no me gusta ninguno pero no sé cómo decírselo. Piensa, Carmen, piensa", me digo. "No es tanto un sujetador lo que busco, más bien como un top", le digo intentando que entienda que quiero un sujetador para una chica normal con un cuerpo normal y cero intención de que ese sujetador sea visto por nadie. 

"Ah, perfecto. Ya sé lo que quieres", me dice Cynthia. Y bueno, querida Cynthia, si esto es un top que venga Dios y lo vea: 

Victoria's Secret

Y bueno, menos mal que con las mascarillas no se ve la expresión del rostro (solo se intuye) porque la mía fue como cuando te dicen que se les han terminado las magdalenas.

Así que dándome cuenta de que no había manera de hacerme entender y de que seguramente para algo 'simple' era mejor irme del cielo de los ángeles más sexys del planeta, le di las gracias a Cynthia y puse rumbo a casa. Sin sujetador y sin dignidad. Las dos cosas por las que siempre recordaré mi vida en Los Ángeles.

Ah, bueno, y también le estaré eternamente agradecida a esta ciudad porque aquí es donde he comenzado mi programa de conversaciones con 'influencers', 'The Latte Show con Carmen Raya".  Podéis disfrutarlo en riguroso falso directo todos los martes, jueves y sábados por la mañana en mis Stories de Instagram. Seguidme, que no os cuesta nada.