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El día que quise ser 'angelina' y hacer yoga a 41º, a las 6 de la mañana y en inglés

'Epic fail'.

CARMEN RAYA | CUORE.ES -

Corría el mes de junio del año 2019 ('it run the month of May of the year 2019', bilingüismo) cuando Carmen Raya (sí, ahora hablo de mí misma en tercera persona, como Aída Nizar en 'Gran Hermano 5', God bless Mediaset) decidió que era buena idea acudir a una clase de Bikram Yoga en Los Ángeles (de California). 

Dicho esto, comunicar a todos mis lectores (ahora paso a primera persona de nuevo para que la narración sea lo más dinámica posible, Pulitzer para mí YA), que mi condición física en aquel momento, a la par con mi nivel de inglés, eran... cómo decirlo... 'poor' (pobres, bilingüismo a la inversa). 'Very poor' (muy pobres). Y lo siguen siendo, para qué mentir.

El caso ('the case') es que con tan solo tres meses de vida 'angelina' (Jolie, la broma, si buena, dos veces buena), decidí que no había mejor manera de adaptarme a las costumbres de las chicas californianas (y en especial de las que viven en Los Ángeles) que hacer un 'donde fueres, haz lo que vieres'.

Así pues, y dado que mis dos compañeras de piso en aquel momento practicaban Bikran Yoga (el cual se realiza a 41º de temperatura) a las 6 de la mañana (no es que se tenga que practicar a esa hora, pero aquí las angelinas son de madrugar MUCHO) y ambas presumían de abdominales de acero y cutis perfectos, yo me dije "¿y por qué no?"

Efectivamente, esa debería de haber sido la reacción lógica de mis compañeras cuando les dije que no había hecho yoga en la vida y que, además, la última vez que había realizado ejercicio físico ('without counting sex', lo escribo en inglés y lo dejo sin traducir porque así mi familia no se entera porque la palabra sex y sexo no se parecen en nada) era en 2016.

Sin embargo, ellas se alegraron muchísimo porque me dijeron que ser 'yogui' (el oso, pensé yo de primeras) era divertidísimo, a la vez que muy fácil si seguía las instrucciones de la profesora y me dejaba llevar escuchando mi cuerpo. Y mirad, no os voy a mentir cuando os digo que yo a mi 'body' lo único que le oigo decirme es "dame de comer". A todas horas, además. 

"Mañana a las 5:45 a.m. salimos de casa. Lleva una botella de agua, toalla para el sudor, esterilla y mallas y camiseta sin mangas para estar más cómoda", me dijo Michelle el día antes de que pusiese mi vida en riesgo gracias al deporte más extremo que he realizado en mi vida. "Ok, ¡qué emoción"!, le contesté consiguiendo así el Oscar a Mejor Actriz porque ni tenía esterilla ni mallas ni emoción ninguna. 

Total, que esa misma tarde corrí a Target (cuyo equivalente español podría ser Carrefour, un patrocinio por aquí, por favor) para disfrazarme de 'yogui'. Y sí, digo disfrazarme porque cuando me miré en el espejo del probador yo esperaba ver esto:

... pero mucho me temo que me parecía más bien a esto:

En fin, solo os diré que E.T. está guapísimo aquí y que yo me gasté unos 60 dólares en parecerme a él vestida de 'yogui'. Una fantasía. Así pues, y después de tan brillante inicio... ¿Qué podía salir mal? TODO. 

5:15 a.m. del día Y (de yoga). Suena el despertador y por poco me da un infarto al corazón. De verdad, para mí levantarme antes de las 6 de la mañana solo pueden significar dos cosas. La primera, he pillado, me he quedado a dormir en casa ajena y me despierto desorientada y preguntándome dónde estoy y quién está roncando a mi lado. La segunda, lo mismo pero con unas copas de más. 

Medio dormida todavía, me disfracé de E.T (perdón, digo de yogui), cogí mi esterilla, mi botella de agua, mi toalla y mi dignidad (la cual nunca volvería conmigo, ya os lo digo) y me aventuré a meterme en el coche de Michelle (es de buena angelina hacer deporte pero jamás ir andando a ningún sitio) para acudir a mi primera clase de yoga a 41º (que también os digo que esto lo podría haber hecho cualquier agosto en mi adorado Albacete saliéndome al balcón, pero que todo bien). 

[El GIF de arriba representa a cualquier persona no nacida en Albacete paseando por la ciudad en pleno verano. Cuatro de la tarde, preferiblemente].

CorePower Yoga, rezaba el letrero del estudio 'fitness' al que me llevó Michelle. Nada más entrar, ya supe que mi ridículo sería monumental. Miré a todos lados y pensé "¿por qué estoy en el f*cking Victoria's Secret?". Una veintena de mujeres con medidas perfectas, vientres planos y coletas de caballo (que ríete tú de la de Ariana Grande) esperaban para entrar en la clase. 

La profesora abrió las puertas y yo entré con el mismo miedo que un tronista y/o pretendiente de 'Mujeres y Hombres y Viceversa' entraría a la universidad. "Ok, Carmen, solo tienes que escuchar lo que diga la profesora e ir haciéndolo. No es tan difícil", me dije mientras colocaba la esterilla y notaba ya los primeros sudores debido a los 41º que se concentraban ya para dar inicio a la clase. 

Y bueno, para que os hagáis una idea de cómo estaba yo sin haber movido todavía un solo pelo, aquí mi amiga Britney me va a ayudar a mostrároslo: 

Segundos después de que yo estuviese ya sudando como en el día del juicio final, la profesora pone la música a todo meter y dice que vamos a empezar. O bueno, eso entendí yo al ver que todas las chicas se colocaban en posición porque, sorpresa, la música estaba tan alta que no pude entender lo que decía. Eso y que.... ¡el lenguaje técnico del yoga es una fantasía en inglés! Bueno, y en español, pero en español al menos podría entender arriba, abajo (al centro y pa'dentro), pero en el idioma de Shakespeare no pillaba nada de nada.

Y oye, otra cosa no, pero nadie podrá decir que no soy yo una persona intuitiva porque a los dos minutos y medio de clase ya me di cuenta de siete cosas

1. La cantidad de sudor que salía de mi cuerpo sin haber movido un solo dedo no podía ser normal ni saludable.

2. La calidad de la esterilla y de las mallas que me había comprado era cuestionable dado que estaba notando cómo los tejidos de prenda y accesorio comenzaban a fusionarse al no soportar el calor y el sudor.

3. La toalla que me había llevado era de manos y ya estaba más empapada que el Titanic en pleno hundimiento.

4. Me había bebido ya más de la mitad de la botella de agua de un litro que me había llevado.

5. Mi nivel de inglés 'fitness' era nulo.

6. Mis intentos por imitar los gestos y movimientos de las demás chicas se parecían más a cuando un recién nacido intenta sostenerse el cuello y no puede.

7. Iba a morir. 

Gracias, amigo.

Y aunque ya sabéis que yo siempre os cuento al detalle mis aventuras en Los Ángeles, lo cierto es que de esos 60 minutos de Bikram yoga solo recuerdo pensar que me moría. En serio, no puedo deciros otra cosa. He tenido resacas más llevaderas. ¡Qué sudores! Eso sí, he de decir que al volver a casa y ponerme a trabajar vi que Jennifer López había ido esa misma mañana al mismo centro de CoreYoga Power que yo. ¡Sí, sí! Una pena no haber sudado a su lado. En fin, otra vez será. 

De momento, solo me queda hacerme un poco de autobombo y deciros que he iniciado un programa en Instagram llamado 'The Latte Show con Carmen Raya' del que podéis disfrutar en riguroso falso directo todos los martes, jueves y sábados por la mañana en mis Stories de Instagram. En él hablo con las 'influencers', no digo más.