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Cuando intentas ligar en la playa, en bikini y en inglés: la trilogía del ridículo

Fracasando desde 1984.

CARMEN RAYA | CUORE.ES -

"But what have I done to deserve this?!"' (bilingüismo), o lo que es lo mismo "¿pero qué he hecho yo para merecer esto?". Sí, amigos y amigas, fieles seguidores y adictos a esta mi columna semanal sobre la serie de catastróficas desdichas que ocurren a menudo en mi vida (sobre todo en la sentimental) en Los Ángeles. Tras 18 meses en la ciudad cuyas aceras brillan por su ausencia (y porque las pocas que hay están como nuevas porque rara vez han sido pisadas), por fin he ligado en la playa. Sí, minipunto para mí ('little point for me'). O eso quería creer yo. 

Porque aunque de primeras os neguéis a asumir esta próxima revelación que os voy a comunicar (debido a mi espectacular físico, obviamente), yo jamás había ligado en la playa. Nunca. Never. Ever. Jamás de los jamases. Ever de los Everest. Y ojito ('little eye') que yo lo de ir a la 'beach' (que no 'bitch', o sí porque con la pronunciación nunca se sabe) lo he trabajado mucho a lo largo de mi vida.

Tanto en Benidorm (no sabes cómo te echo de menos, querida) como en 'Ocean Park', barrio en el que resido en Santa Mónica (y al que se le va todo el glamour cuando lo traduces al español y te das cuenta de que vives en 'el parque del océano', ejem ejem, bilingüismo), yo he sido de las que se pasan horas y horas tumbada sobre la arena (tu piel morena, Dios bendiga a Viceversa) devorando revistas de cotilleo (obvio, yo siempre culturizándome aún cuando estoy relajándome) y mirando al resto de chicas lucir abdominales.

Porque os voy a contar un secreto sobre mí. Esta soy yo en la playa (cuidado porque este documento gráfico os va a dejar 'Frozen'): 

Sí. Olaf me representa en la playa porque yo, al igual que él, presumo de barriguita redondita y blanca fruto de los cócteles que ingiero y, además, me siento tan fuera de lugar en bikini como él estando cerca del mar. Y es que si Olaf se derrite al sol, yo me derrito de vergüenza por tener que aparentar que me siento cómoda en una prenda que, estoy segura, fue diseñada por el diablo. Porque ya os digo yo que el diablo no vestía de Prada, vestía 'de' bikini.

Inseguridades físicas a un lado, resulta que yo siempre que voy a la playa voy sin miedo. Es decir, a lo loco, sin preocupaciones de "uy, a ver si ese chico de al lado se va a acercar a hablarme". No me ha pasado en la vida me va a pasar ahora... ('epic fail'). Vaya, que una vez puesto el bikini, cogida la toalla, el protector solar, la revista y las gafas de sol, esta soy yo 'ready to go':

Además, y para asegurarme de que soy lo más invisible que puedo, normalmente me sitúo al lado de lo que yo llamo 'barrera de contención hot'. Es decir, instalo campamento cerca de esto:

Lo de adoptada ya lo sé yo porque no hay quien se crea que vosotras y yo estamos relacionadas genéticamente, pero prefiero quedarme como estoy. Gracias de todas formas. Y sí, lo mismo estoy aprovechándome de los cuerpos de infarto de las angelinas para protegerme de un posible y remoto ligoteo, pero no me arrepiento. La vida es dura, y en pandemia más. Pero vamos al lío que ya sabéis que me lío más que un cepillo en el pelo de Donald Trump (amigo, sin rencor, una 'green card' cuando puedas por aquí). 

De esto (of this) que estaba yo tumbada en la arena absorta en mis pensamientos -normalmente relacionados sobre si comer McDonald's dos días consecutivos podría considerarse 'fasting' (por lo de 'fast food', 'fast' de ayuno..., esta broma es de nivel avanzado, si no la pillas no pasa nada)- cuando me quedé medio dormida ('half sleeping', no entera como La Bella Durmiente). Ah, sí, hay imagen del momento:

[Cambiad mentalmente el césped por arena. El mundo GIF a veces no te da lo que necesitas, como la vida].

Y ahí que estaba yo pensando en hamburguesas y notando como poco a poco mi boca se iba abriendo para dejar paso a esa denigrante mueca que los humanos ponemos solamente cuando sabemos que estamos dormidos en espacios públicos (no se sabe de nadie que tenga cara de idiota durmiendo en soledad, ¿por qué será?), cuando de golpe escucho la voz de un hombre a escasos metros que grita algo en un idioma desconocido para mí

P.D: El idioma es el de Shakespeare, vaya, el inglés. Pero resulta que, y para ir avisando ya a la comunidad científica, yo sufro un curioso síndrome que es el del aprendizaje inverso (como la psicología) que consiste en que yo pensaba que sabía inglés, pero no sé. Y cada día que pasa hablo peor que cuando estaba en Albacete. Iker Jiménez, que no método Vaughan, te necesito.

Total, que yo que escucho a dicho muchacho gritar a mi lado e inmediatamente me incorporo sobresaltada (overjumped) y con una cara de susto que... ah, mira, también tengo momento gráfico de eso:

Elegante y sin perder la compostura (como bien puede apreciarse en el GIF), lo miro con cara de "pero qué narices está pasando aquí", él me mira fijamente, me sonríe y yo miro a los lados intentando encontrar a la persona a la que se está dirigiendo. Tras unos microsegundos que para mí fueron años galácticos (un año galáctico son 250 millones de años 'normales'), me doy cuenta de que me está HABLANDO A MÍ y como mujer adulta soltera de 36 años que soy, yo pongo esta cara:

'I wasn't giving credit' (no estaba dando crédito) a lo que estaba pasando. Y aquí mi amigo me dice que 'sorry' pero que, y esto es lo que yo entendí, 'beautiful', 'day', 'sun', 'tan', 'relax', 'how', 'going'. Porque, y perdón otra vez por el parón en la historia, cuando llevas ya varios meses (o casi dos años) en un país del que no dominas el idioma, tu oído comienza a entender y 'pillar' palabras (no las frases enteras) y tu cerebro intenta descifrar qué es lo que te están diciendo. 

Así pues, con esas siete palabras, mi cerebro comenzó el proceso de desciframiento mientras yo intentaba sonreír, taparme la barriga y buscar las gafas de sol para recuperar algo de dignidad.

"Vale, te ha dicho que hace un día precioso y soleado con el que ponerse morena y que cómo llevas el día", me dije. Y entonces de mi boca salieron las palabras: "I'm good. Thank you". O sea, un "estoy bien, gracias", que vale para cualquier tipo de pregunta y que no puede ser más genérico (como los medicamentos). Pero ahí que el muchacho va y me dice que "you are very tan" (estás muy morena). O sea, que aquí mi primo no se iba a dar por vencido tan pronto.

A todo esto, para que os hagáis una idea de cómo funciona mi cerebro en inglés y en pleno 'ligoteo', al escuchar la palabra 'tan' me dije mentalmente: "De naranja o de limón". Lo que viene siendo un déficit de atención en toda regla. Eso sí, yo me lo paso pipa con mis diálogos internos, pero de cara al exterior me van un poco mal porque me desconectan de la realidad. Muy a lo Winona Ryder.

Porque claro, yo de verdad que quería hacerle caso al muchacho, pero es que estaba siendo muy consciente de que estaba en bikini, medio dormida, semi-tumbada (con lo que cual lo que parecía vientre plano en horizontal ahora se revelaba claramente como barriguita) y me veía venir el cuestionario de preguntas 'cita Tinder versión vida real' que se avecinaba si de verdad este hombre quería ligar conmigo. Así que cogí aire, me puse las gafas de sol y pensé: "From lost to the river" (de perdidos al río).

Y para no extenderme más en mis divagaciones, paso a detallar en modo diálogo la conversación que tuvo lugar tras este atropellado inicio de conversación que, claramente, no auguraba nada bueno. Ah, los paréntesis son comentarios que os hago yo sobre las grandes frases con las que pretendo hacer que un hombre se interese por mí, aún sabiendo que está interesado porque se ha parado a hablar conmigo... amigas, no lo intentéis en vuestras casas.

Carmen: "Sí, es que vengo a menudo por la pandemia". (grande, amiga, no hay nada que guste más a un hombre que se interesa por ti que le hables del Covid-19).

Hombre: "¿Cómo te llamas?". (Bien jugado ahí porque ya debió ver que la charla sin sentido no era lo mío).

Carmen: "Me llamo Carmen" (Esta nunca la fallo).

Hombre: "Asumo que no eres de aquí". (astuto él y muchos dirían que racista porque qué tendrá que ver el nombre con tu país de origen, pero todo ok).

Carmen: "Soy de España, pero supongo que te habrás dado cuenta no solo por mi nombre, sino por mi acento". (Yo siempre dejándoles claro que mi inglés es maravilloso). 

Hombre :"¿De qué parte de España?". (Esta es la pregunta comodín del ligoteo con extranjeros)

Carmen: "De Albacete". (La cara que ponen siempre cuando digo esto es maravillosa).

Hombre: "¿Alguna ciudad importante de la que esté cerca? (me dolió, pero estoy acostumbrada).

Carmen: "Valencia". (como podréis comprobar, en inglés mi ligoteo es monosilábico principalmente...y que no haya encontrado pareja todavía... qué raro).

Hombre: "Ah sí, tengo un amigo que estuvo allí. ¿Juegas al tenis?". (Y esta fue su manera educada de decirme, "bueno, como hablas tanto, voy directamente ya al meollo de la cuestión").

Carmen: "Jugaba". (Y esto ya lo dije temiéndome lo peor).

Hombre: "Hay unas pistas aquí al lado y a veces voy a jugar con amigos. ¿Te apetecería venir algún día? (ahí estaba, ya no había salida).

Carmen: "Sí". (en serio, no me digáis que no soy buenísima ligando).

Hombre: "¡Genial! Apunta mi número". (en serio que se alegró, se alegró... a este muchacho le pasa algo).

Carmen: "¿Cómo te llamas?". (se lo dije con la misma emoción que Conchita la del polígrafo preguntando a sus invitados). 

Hombre: "udfgodgfgdfg". (no le entendí, por si cabía alguna duda)

Carmen: "Perdona, ¿puedes repetir?

Hombre: Josh. Me llamo Josh.

Carmen: "Ah, como Joshua Tree". (que es un desierto de California precioso, pero que luego me di cuenta de que seguramente me hice un Albacete, caga y vete, en toda regla).

Josh: "Sí, como Joshua Tree". (y se rio, en serio, se rio....mal asunto).

Apuntado el número de teléfono se despidió, me deseó un buen día y sonrió como el que sabe que ha estado hablando con una mujer que estaría más cómoda nadando entre tiburones que manteniendo una conversación con un hombre en bikini y en la playa. Bueno, no os mentiré, con un hombre, porque esto también me pasa sin bikini y sin playa. Porque en mi caso, el estilismo y la ubicación no altera el producto. 

Lo sé Ariel, chica, yo no sé cómo pudiste hablar con el príncipe Eric cuando te lo 'encontraste' en la playa. Ah, calla, que le habías alquilado tu voz a Úrsula y no podías. Ok. Pues mira, igual instauro en Los Ángeles el método 'La Sirenita' para ligar. Sin embargo, no os mentiré, ahí que tengo el número de Josh guardado y todavía no me he atrevido a escribirle. Amigos, ya tuve una cita 'sporty' y yo no vuelvo a arriesgar mi salud otra vez. De dignidad ya ni hablamos. 

Menos mal que siempre me quedará mi amor por mi programa 'The Latte Show con Carmen Raya' un programa en el que hablo con las 'influencers'. Sí, sí, como te lo cuento. 'The Latte Show con Carmen Raya' se emite todos los martes, jueves y sábados por la mañana (hora española) en mis Stories de mi cuenta de Instagram y bueno, deseando estoy que me veáis. Es que a mi madre le hace ilusión, lo de hacerme famosa y ganar mucho dinero no me interesa...

Ah, y sí, somos un equipo de cuatro chicas. Diferentes todas, ¿eh?